Rotating Cells from House to House

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by Mario Vega

When we started our work with cells, the enthusiasm spread rapidly, and the members invited many people. Some of the newly invited friends attended so much that they became well acquainted with the inner workings of small group dynamics. These same non-Christian people volunteered to host the cell groups in their own houses, since they were thoroughly enjoying the cell atmosphere. Suddenly, we found ourselves in a new situation that didn’t fit the normal pattern of cell ministry.

To avoid giving a negative answer that could discourage these friends, we decided to start rotating the cell groups from house to house. The cells would be in one house from one, two, or at the most three weeks. Then the cell would rotate to a new location nearby.

Even today, our cells continue to rotate in this way, until one of the host families comes to faith in Christ. When this happens, we ask the converted family to host the cell on a permanent basis.

The only way we’ve found for a rotating cell NOT to lose its identity is to have a committed core group in each cell. We’ve found that when there is a committed core, the cell remains healthy regardless of the physical space it occupies. The house may change, but the core remains the same and moves to where there is a need to shed the light of Christ.

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Mario

Translation in Spanish

Células rotativas

Al iniciar nuestro trabajo con células, el entusiasmo corrió rápidamente y muchas personas comenzaron a ser invitadas. Algunos amigos asistieron tantas veces a una célula que llegaron a comprender un poco sobre la dinámica de trabajo.

Pronto aparecieron personas, que sin ser cristianas, solicitaban ser anfitriones para que en su casa se desarrollara una célula. Ante semejante solicitud nos encontramos con una situación que, de alguna manera, rompa con el modelo acostumbrado del trabajo celular.

Para no dar una respuesta negativa que pudiera desalentar a los amigos, decidimos comenzar a trabajar con algunas células rotativas. Estas son células que funcionan por una, dos o a lo sumo tres semanas en una misma casa. Luego, rotan para trasladarse a una nueva casa ubicada en las cercanas.

La célula continúa as rotando a menos que una de las familias anfitrionas llegue a la fe del evangelio. Cuando eso ocurre, la célula se convierte en permanente y no rota más de casa en casa.

Obviamente, la clave para que una célula rotativa no pierda identidad es que el núcleo de la misma esté muy bien consolidado. Cuando eso sucede, la célula se estructura en torno a s misma y no en relación a un espacio fsico determinado. La casa puede cambiar, pero el núcleo sigue siendo el mismo y se traslada a donde hay necesidad de iluminar con la luz de Cristo.

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