Discipleship in a Family Context

david

Msc. David Jaramillo Burgos

When I think of discipleship, the parent-child relationship comes to mind. In fact, the word “discipline” comes from the word “disciple,” which means “learner.” That is, it takes discipline to make disciples of our children. This is an ongoing process that begins at an early age and then changes as children grow and mature. In this regard, we (parents) are teachers and disciple-makers, primarily through our example, rather than our words.

When referring to Christian discipleship, we need to think in terms of relationship, rather than merely a training process. The discipleship relationship is best transmitted through the process of life-sharing that includes emotions, values, and experiences. For this to happen, we need to create a family atmosphere.

How do we do this? Family psychology tells us that every parent should be a nurturer and a disciplinarian.
A great parent must spiritually and emotionally nourish children. And this nourishment should be given with words of affection, admiration, security, and the declaration of life, hope and blessing. Children must know that the parents are accessible and conscious of their spiritual and emotional needs. Great parenting also includes lots of “play” time. I’m referring to sharing informal settings where it’s possible to know and be known. Going to the park, having a picnic, or watching a movie are great examples of this informal “fun” atmosphere. These are ways to strengthen relationships and grow in everyday life.

Finally, great parenting should correct, and challenge attitudes so that the character of Christ shines through. This is only possible if parents have first won the hearts of their children. The only correction that makes a lasting impact is also accompanied by love (1 Cor 8:1).

I once heard that you have to raise children like disciples because they will grow and surpass their teacher. The reality is that children grow, leave home, but will always be impacted by the relationships with their father. What kind of relationships do you have with your disciples?

David

Korean translation (click here)

Portuguese translation (click here)

Spanish translation:

Discipulado en un Contexto Familiar.

por Msc. David Jaramillo Burgos.

Cuando pienso en el discipulado no dejo de relacionar el término con la idea de la disciplina que debe ejercerse en el contexto de la relación padre-hijo. De hecho, la palabra “disciplina” viene de la palabra “discpulo” que significa “aprendiz.” Es decir, que disciplinar es hacer de los hijos nuestros discpulos, lo cual, es un proceso constante que empieza desde muy temprana edad y cambia conforme los niños crecen y maduran. En esa relación, nosotros (los padres) somos los maestros y discipulamos, más que con palabras, con el ejemplo.

Creo que as debe entenderse el discipulado cristiano: como una relación, más que como un proceso de capacitación. La relación permite que se imprima en el discpulo el carácter del maestro dentro de un proceso de vida donde se comparten afectos, valores, experiencias y enseñanzas. Pero, para que esto sea posible, hay que crear un ambiente familiar.

¿Cómo hacerlo? En psicologa familiar se dice que todo padre debe ser: nutridor, lúdico y castrante. Permtame explicarlo y aplicarlo al contexto del discipulado como formación de una familia espiritual: maestro-padre; discpulo-hijo.

Usted debe ser un padre que nutra emocional y espiritualmente a sus discpulos. Esta nutrición se da con palabras de afecto, de admiración, de seguridad, declarando sobre ellos vida, esperanza y bendición. Ellos deben ver que usted es accesible y consciente de sus necesidades espirituales y emocionales para sentirse seguros de usted y querer seguir su ejemplo.

Por otro lado, debe ser lúdico: “jugar” con ellos. Es decir, compartir ambientes informales para que le conozcan y los conozca. Salir a un parque, hacer un picnic, tener una noche de cine, etc., son maneras de fortalecer la relación y ser formados en la vida cotidiana.

Finalmente, debe ser castrante; es decir, también hay que exhortar, corregir, reprender actitudes que no contribuyen a la formación del carácter de Cristo en ellos. Esto último solo es posible hacerlo cuando se ha ganado el corazón de ellos. Solo la corrección hecha con amor edifica (1 Co. 8:1).

Una vez escuché que hay que formar hijos y no discpulos, porque los discpulos crecen, superan al maestro y se van; los hijos en cambio crecen, salen del hogar pero siempre mantienen la relación con el padre. Usted, ¿qué piensa?

 

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