Solitary and Team Evangelism

mario

by Mario Vega

In the first weeks of my life in Christ I understood that one of my responsibilities as a believer was to share my faith with others. But I not only saw this as a responsibility but as a strong internal desire. Somehow I had received some brochures (tracts) that presented the Gospel. I resolved to hand out one of these tracts to every person I met as I walked down the street.

Things seemed simple enough but my problems started once I saw the first person walking down the street. Because I have an introverted personality I thought I would be intruding in the life of that person coming down the street. But the same thing happened with the next one and the next one. I do not remember how many people I found on the street that day, but it seemed like a great multitude, and sadly I wasn’t able to give out a single tract.

I felt frustrated, and I began to think that evangelism simply wasn’t my gift. But God had other plans. At that time, the few young people in church began to go out to evangelize on the weekends. At that time we knew nothing about cell ministry. Soon I became one of the youth group leaders. We assaulted crowded places with singing and gospel preaching.

On one occasion an unbelieving boy started to mock one of our young people who was sharing the Gospel. This boy whistled and laughed out loud at the young Christian. The young preacher began to falter and make mistakes in the pronunciation of the words. Those mistakes increased the mocking of the boy. Soon other mockers joined in. I became filled with a “holy” indignation that the scoffers could defeat one of our young believers. I took the place of the brother who already felt humiliated. I strongly presented the message of the Gospel in front of the scoffers, who were surprised and began to pay attention. Soon everything was under control and we were able to evangelize the whole group. When it was over, one of the young men approached me and said, “Mario, I’d never heard you talk like that.” I realized that something special had happened. I understood that the Holy Spirit anointing had been poured over my life for the first time. What a difference the power of the Spirit makes in our lives when ministering the gospel!

He can do the same for each and every one of us as we step out and evangelize.

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Mario

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Evangelización solitaria y en equipo

por Mario Vega

En las primeras semanas de mi vida en Cristo entend que una de mis responsabilidades como creyente era compartir mi fe con otras personas. Pero no solamente lo vea como una responsabilidad sino como un deseo interno muy grande. De alguna manera haba recibido algunos folletos que presentaban el evangelio. Me propuse que al caminar por las calles entregara uno de estos folletos a cada persona que encontrara.

Las cosas parecan sencillas pero mi problema fue al verme en la calle con un folleto en mi mano para entregarlo a la primera persona que encontrara. Siendo de una personalidad introvertida pensaba que estara entrometiéndome en la vida de esa persona que vena por la calle. Pero, lo mismo ocurrió con la siguiente y la siguiente. No recuerdo a cuántas personas encontré ese da en la calle, pero de seguro que fueron muchas. Pero no me sent capaz de entregar un solo folleto a nadie.

Me sent frustrado y pensé que quizá no era mi don el evangelizar a otras personas. Pero, Dios tena otros planes. Por ese tiempo los pocos jóvenes que haba en la iglesia comenzaron a organizarse para salir a evangelizar los fines de semana en una época cuando no sabamos nada de la existencia de las células. Pronto llegué a convertirme en uno de los lderes del grupo de jóvenes. De manera literal, asaltábamos los lugares concurridos para comenzar a cantar y luego compartir con la fuerza de la voz el mensaje del evangelio.

En una ocasión un muchacho comenzó a burlarse del joven que comparta el evangelio. Aquel le silbaba y se rea a carcajadas ante el joven cristiano. Este joven comenzó a titubear y a equivocarse en la pronunciación de las palabras. Esas equivocaciones incrementaron las burlas de aquel muchacho, al cual, se sumaron otros burladores. Ante ese cuadro, me indigné mucho pensando que no era posible que esos burladores pudieran derrotar a uno de nuestros jóvenes creyentes. En determinado momento, me puse al frente del grupo y con gran pasión tomé el lugar del hermano que ya se senta humillado. Comencé a presentar con gran firmeza el mensaje del evangelio frente a los burladores, los cuales, se sorprendieron y comenzaron a poner atención. Pronto todo estuvo bajo control y nos fue posible evangelizar a todo el grupo. Cuando todo terminó, otro de los jóvenes se me acercó y me dijo: “Mario, nunca te haba odo hablar de esa manera”. Hasta ese momento ca en la cuenta que algo haba ocurrido. Entend que la unción haba sido derramada sobre m por primera vez. Que diferencia hizo entre mis intentos cobardes y solitarios de repartir folletos y el coraje que pude encontrar en el grupo de jóvenes para el anuncio del evangelio.

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