Authentic Sharing That Leads to Outreach

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by Keith Bates, www.new-life.org.au; www.facebook.com/groups/cellchurches

I’ve been in church meetings where the unspoken rule is to act like you’re an overcomer–always. Everyone looks so happy, victorious, and perfect. Nobody should have any problems. If anyone is having a bad time, they feel pressure to cover it up.

Whether they live in a big city where isolation forces people to cope alone, or in a small community where the expectation is that you just get on with life, many people find that they just don’t have a chance to ever open up to anyone about how they really feel.

Cell groups require us to share how we are really feeling and what are “journey” is really like. It means being vulnerable to rejection, judgment and even love. Cell leaders have to model this kind of openness for their members, so that everyone knows it’s OK to be struggling spiritually, emotionally or financially.

The best cell times start with someone saying “My life sucks,” or “I feel angry about something.” While I maintain empathy for the person talking, inside I’m doing a little victory dance because the group is about to move into a new dimension of caring for one another. Admitting that our lives are not perfect also allows us to testify to others about how our relationship with Christ has helped us to deal with challenges.

Recently a couple in our church who are renowned through the community for caring for others and being really generous with both time and money found themselves with a need. A relative with five children was unable to care for them and the authorities had intervened. This couple found themselves suddenly caring for three of those children and with limited resources. Church members provided an extra car and food, and others worked to rearrange their house to make it more secure. What blew me away was the response of their non-Christian work mates who also gave generously to help them buy groceries. They recognized an opportunity to repay a lifetime of generosity in a moment of need.

Authentic sharing of needs deepens community in all kinds of unexpected ways. Not only do we have an opportunity to show love to one another, but we also have an opportunity to allow those who are not yet saved to see the love of Christ at work. In a sense we show that faith works even when our lives are under the greatest challenge.

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Compartiendo auténticamente

Por Keith Bates, www.nuevo-life.org.au; www.facebook.com/groups/cellchurches

He estado en reuniones de la iglesia, donde la regla no dicha es todos son vencedores, siempre. Todos se ven tan felices, victoriosos y perfectos. Nadie tiene problemas nunca. Sabemos que todo es una imagen y si alguien está teniendo un mal momento entonces sienten la presión de encubrirlo.

Tanto los que viven en una gran ciudad donde el aislamiento obliga a las personas a hacer frente solos, o en una pequeña comunidad donde la expectativa es de seguir adelante con su vida, muchas personas encuentran que simplemente no tienen la oportunidad de abrirse a cualquiera para hablar acerca de cómo es su vida.

Los grupos celulares requieren que nosotros compartamos la forma en que realmente viajamos. Eso significa ser vulnerable al rechazo, juicio e incluso amor.

Los lderes celulares tienen que modelar este tipo de apertura para sus miembros, para que todos sepan que está bien luchar espiritualmente, emocionalmente o financieramente.

Los mejores momentos en la célula comienzan con alguien que dice “Mi vida no sirve” o “me siento enojado por algo.” Mientras me mantengo empata por la persona que habla, por dentro estoy haciendo un baile de victoria, porque el grupo está a punto de pasar a una nueva dimensión de cuidarnos los unos a los otros.

Admitiendo que nuestras vidas no son perfectas también nos permite testificar a los demás de cómo nuestra relación con Cristo nos ha ayudado a hacer frente a los desafos.

Recientemente, una pareja de nuestra iglesia que son reconocidos por la comunidad para el cuidado a los demás y ser muy generosos con el tiempo y el dinero se encontraron con una necesidad. Un familiar con cinco hijos no pudo cuidar de ellos y las autoridades intervinieron. Esta pareja se vieron repentinamente al cuidado de tres de esos niños y con recursos limitados. Los miembros de la Iglesia proveyeron con un automóvil y comida, y otros trabajaron para arreglar la casa y hacerla más segura. Lo que me impactó fue la respuesta de sus compañeros de trabajo que eran inconversos que también dieron generosamente para ayudarles a comprar alimentos. Ellos reconocieron la oportunidad de pagar una vida de generosidad en un momento de necesidad.

Compartir auténticamente a las necesidades de la comunidad profundiza en todo tipo de formas inesperadas. No sólo tenemos la oportunidad de mostrar el amor los unos a otros, pero también tenemos la oportunidad de permitir que aquellos que aún no son salvos vean el amor de Cristo en el trabajo. En cierto sentido, nos muestran que la fe funciona incluso cuando nuestras vidas están bajo el mayor desafo.

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