Bigger or Better

brian

by Brian Kannel, lead pastor of York Alliance Church www.yorkalliance.org and author of Follow Me

It’s not my fault. Or any of our faults, really. It’s the way we’ve always been.

The cell church movement has literally spanned the globe, touching an incredible variety of different languages, cultures, socio-economic and political backgrounds—we’re a diverse bunch. But there’s one thing that’s remarkably consistent within this incredibly diverse group of leaders, at least in my personal experience: Whether it’s our birthday, or Christmas, or some other gift-giving occasion, we all seem to want the biggest present. Sure, “great things come in small packages”—a phrase certainly coined by someone who never got cool gifts—but if that’s true, then certainly even greater things must come in BIG packages! Right?

If we’re honest, many of us were drawn to the cell model through stories of incredible growth. Huge churches (with HUGE Celebration gatherings!) making a huge Kingdom impact. And while the theory of cell infrastructure was being pounded into our brains, we’re still pastors. We’re still “up front” leaders. And we still tend to be far more fascinated with HUGE than with HEALTHY. Because of this, our best time, our best energy, and our best creative powers all seem to flow into the Celebration gatherings—the big gatherings where we get to personally impact all those people. Or, at least, that’s often my story. The Sunday morning crowd is visible and measurable and exciting, regardless of the fact that many of those who are only connected to our Celebration gatherings struggle to put into practice the truths that I so eloquently espouse each Sunday morning.

Don’t hear me wrong: the Celebration gathering serves an absolutely vital role within the cell church. Within our context, Celebration gatherings not only give us the opportunity to have a passionate encounter with the transcendent God through a powerful worship experience, but they also give us the framework for our journey of discipleship. When we launched our values-based discipleship process last year, we communicated broadly through our Celebration gatherings—teaching from the pulpit, faith stories, visuals, and through the book “Follow Me: Discipleship That Moves Us.” The values were clearly taught, the process regularly explained, and good examples were highlighted and celebrated each week. Lots of folks heard the vision, the purpose, the values, and the Truth behind all of them.

However, we also communicated these values for months beforehand with our cell leaders, and we continue to actively keep these values in front of them. We invest heavily in making sure that every leader understands the values and the process of discipleship. And, despite our efforts and creativity at the corporate level, it was only within the setting of our LIFE group gatherings that these values truly came alive. Many heard, watched, saw, and read—but without the personal call and opportunity within a cell gathering, they never did. Why? Because no matter how creatively we structure or how intentionally we involve, Celebration gatherings are a venue for spectators. It’s only through the cell gatherings that folks truly get in the game.

Training leaders, mentoring coaches, developing cell infrastructure—they all lack the “pizzazz” of the big Sunday morning show. But if our best efforts and energies don’t flow back to our cell groups, we’ll find that Sunday morning quickly becomes just that: a show. It’s not that we can’t be both bigger AND better, but without a proper focus on the cell infrastructure that creates health, we’ll end up with large gatherings filled with spectators who have no intention of getting into the game. And that’s not the big package that any of us want to open.

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Brian

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Grande o mejor

Por Brian Kannel, Pastor de la Iglesia Alianza York (www.yorkalliance.org) y autor de Sgueme

No es mi culpa. O cualquiera de nuestras faltas, la verdad. Es la forma en que siempre hemos sido.

El movimiento de la iglesia celular se ha extendido literalmente por el mundo, tocando una increble variedad de diferentes idiomas, culturas, economa y poltica: somos un grupo diverso. Pero hay una cosa que es muy coherente dentro de este increblemente diverso grupo de lderes, al menos en mi experiencia personal: si se trata de nuestro cumpleaños o Navidad, o alguna otra ocasión de regalos, todos quieren el regalo más grande. Claro, “las grandes cosas vienen en paquetes pequeños”, una frase acuñada sin duda por alguien que nunca recibió buenos regalos, pero si eso es cierto, entonces, ciertamente las grandes cosas deben venir en paquetes GRANDES. ¿Cierto?

Si somos honestos, muchos de nosotros fuimos atrados por el modelo celular a través de historias del increble crecimiento. Enormes iglesias (¡con enormes reuniones de Celebración!) Haciendo un enorme impacto. Y mientras que la teora de la infraestructura celular estaba siendo metida en nuestros cerebros, seguimos siendo pastores. Seguimos “haciendo frente” como lderes. Y todava tendemos a ser mucho más fascinado con lo enorme que con lo SALUDABLE. Debido a esto, nuestro mejor momento, nuestra mejor energa, y nuestros poderes creativos se ven fluir en las reuniones de la celebración -las grandes reuniones donde llegamos a impactar personalmente a todas esas personas. O, al menos, eso es a menudo mi historia. La multitud la mañana del domingo es visible, medible y emocionante, sin importar el hecho de que muchos de los que sólo están conectados a nuestras reuniones Celebración, luchan por poner en práctica las verdades que tan elocuentemente son expuestas cada domingo por la mañana.

No me malinterpreten: la reunión de la Celebración sirve un papel absolutamente vital dentro de la iglesia celular. En nuestro contexto, las reuniones de celebración no sólo nos dan la oportunidad de tener un apasionado encuentro con el Dios trascendente a través de una experiencia de adoración poderosa, pero también nos dan el marco para nuestro camino de discipulado. Cuando lanzamos nuestro proceso de discipulado basado en valores del año pasado, nos comunicamos a través de nuestra amplia reunión de Celebración y enseñanza desde el púlpito, historias de fe, visuales, y a través del libro “Sgueme: El discipulado que nos mueve.” Los valores fueron enseñados claramente, el proceso se explica con regularidad, y los buenos ejemplos fueron resaltados y celebrados cada semana. Mucha gente escuchó la visión, el propósito, los valores y la verdad detrás de todos ellos.

Sin embargo, también comunicamos estos valores por meses de antemano con nuestros lderes celulares, y seguimos manteniendo activamente estos valores frente a ellos. Invertimos mucho en asegurarnos que cada lder entiende los valores y el proceso del discipulado. Y, a pesar de nuestros esfuerzos y creatividad a nivel corporativo, fue sólo en el entorno de nuestras reuniones de grupo de VIDA que estos valores realmente cobraron vida. Muchos escucharon, miraron, vieron y leyeron, pero sin la llamada personal y la oportunidad de un encuentro celular, nunca lo hicieron. ¿Por qué? Porque no importa lo creativo que estructuremos o como nos involucremos intencionalmente, las reuniones de la Celebración son el lugar para espectadores. Es sólo a través de las reuniones celulares que la gente realmente se involucra.

Entrenar lderes, mentores, desarrollar la infraestructura celular carecen de “dinamismo” de la gran demostración del mañana domingo. Pero si nuestros mejores esfuerzos y energas no fluyen de nuevo a nuestros grupos celulares, vamos a encontrar que el domingo por la mañana se convierte rápidamente en sólo eso: un espectáculo. No es que no se puede ser grande y mejor a la vez, pero sin un enfoque adecuado de la infraestructura celular que crea la salud, terminaremos con grandes reuniones llenas de espectadores que no tienen intención de involucrarse. Y ese no es el gran paquete que cualquiera de nosotros quiere abrir.

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