Liderazgo Pastoral Prática Eclesial: La Casa en la Iglesia del Nuevo Testamento

por Joel Comiskey

2013

Hoy al escuchar la palabra iglesia, una amplia gama de imágenes surgen en nuestra mente. Por ejemplo, yo vivo en el soleado sur de California y puedo conducir mi auto y pasar por iglesias como la iglesia Saddleback , Calvary Chapel (Capilla El Calvario), o la Crystal Cathedral (Catedral de Cristal). Aunque puede ser que usted no tenga tales imágenes de Iglesias en su mente, la mayoría de personas sí piensan en términos de edificios de iglesias, reuniones de iglesias, y días específicos para ir a la iglesia. Hoy cuando leemos el Nuevo Testamento, es casi imposible evitar estas imágenes modernas de iglesias y de experiencias con la iglesia.

El hecho es que los primeros cristianos se reunieron por un período cercano a los trescientos años, principalmente en los hogares de los miembros —hasta el siglo cuatro cuando Constantino comenzó a construir en todo el Imperio Romano las primeras basílicas.

El ministerio basado en las casas comenzó a ser muy común, tal es así que en todo el libro de los Hechos, cada vez que se menciona una iglesia local o una reunión de iglesia, para adorar o sólo para tener camaradería, esta es una referencia de una reunión de iglesia en un hogar. Hombres y mujeres ardiendo por el Espíritu de Dios, comenzaron a propagar el mensaje del evangelio de casa-en-casa (Hechos 20:20). Las iglesias en las casas desempeñaron un papel esencial en el rápido crecimiento y en el gran triunfo del cristianismo, y sería apropiado decir que los primeros tres siglos le pertenecieron al movimiento de las iglesias en las casas.

La Llama se Extiende a través de las Casas

En Pentecostés, Dios bautizó a otras personas con Su Espíritu, y estos creyentes propagaron el evangelio por todo el mundo Mediterráneo, utilizando el marco de la iglesia en la casa para expandirse (Hechos 1:13, 12:12). La Escritura dice: “No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo”. (Hechos 2:46; 5:42).

Haciéndose camino a través del imperio romano, el cristianismo dejó a las iglesias en las casas a su paso. Cuando Pedro fue puesto en libertad en Hechos 12, él fue a una iglesia en una casa que se encontraba en el hogar de María. La Escritura dice: “fue a casa de María, la madre de Juan, apodado Marcos, donde muchas personas estaban reunidas orando”. (Hechos 12:12).

En Hechos 3, Juan y Pedro aparecen juntos. Ellos habían viajado de pueblo en pueblo, que implica decir de casa-en-casa, tal como Jesús les había dicho que hicieran en Lucas 9:4-6 y 10:1-3. Pedro también se quedó en la casa de Simón el curtidor. No sabemos cómo llegó a la fe Simón, pero sí sabemos que le extendió su hospitalidad a Pedro y al hacerlo apoyó a Pedro en su alcance por toda el área.

Luego vemos a Pedro siguiendo el ejemplo de Jesús, yendo de casa-en-casa cuando va a la casa de Cornelio. Mediante la proclamación del evangelio, Cornelio y toda su casa vinieron a la fe en Cristo. Sobre la conversión de Cornelio, Gehring escribe:

“A través del saludo de paz y la proclamación del Reino de Dios, la paz de Dios reposa sobre el hijo de paz y su familia (Lucas 10:5-7; Mateo 10:12-13). Después de esto Pedro es invitado a quedarse por unos días (compare Hechos 10:48 con Lucas 10:7). Muchos exégetas ven Hechos 10: 1-48, entre otras cosas, como la historia del descubrimiento de la iglesia en Cesarea.”

A medida que la iglesia se trasladó de Jerusalén, la llama del evangelio continuó extendiéndose a través de las casas. La casa del carcelero de Filipo era un centro de evangelización después de su conversión (Hechos 16:16-40). La casa de Jasón en Tesalónica fue utilizada para el evangelismo (Hechos. 17:5).

Después de abrirle El Señor el corazón a Lidia, y de haberse bautizado toda su casa, ella invitó a los misioneros a su casa y les ofreció su hospitalidad por un tiempo indeterminado (Hechos 16:14-15). Su casa se convirtió en un lugar donde se disfrutaba de compañerismo, era un lugar de reunión para la adoración, y una base de operaciones para la misión de Pablo.

En Hechos 18:7-8, Crispo, el jefe de la sinagoga, y toda su familia creyeron en el Señor, y nació otra iglesia en la casa.

Felipe daba la bienvenida a visitantes como a Pablo y a los que le acompañaban, a su casa en Cesarea, y también a otros cristianos como Agabo. En Hechos 21: 8-9, observamos que Felipe era el dueño de su casa en Cesarea. Probablemente allí obtuvo el título de evangelista (Hechos 21:8). Felipe ministraba desde Cesarea y tenía como blanco las áreas a su alrededor. Aparte de ser su casa la sede de las misiones, ésta posiblemente también era el lugar de reunión para una iglesia en una casa.

Pablo bautizó a la familia de Estéfanas, y aparentemente utilizaba su casa “para servir a los creyentes” (1ª Corintios 16:15). Pablo pide que se salude a “los hermanos que están en Laodicea, como también a Ninfas y a la iglesia que se reúne en su casa” (Colosenses 4:15). Aquila y Priscila mantenían una iglesia en su hogar donde sea que estuvieran viviendo, ya fuera en Corinto o en Roma (Hechos 18:2, 26; Romanos 16:5; 1ª Corintios 16:19; 2ª Timoteo 4:19).

En Corinto, Aquila trabajaba como artesano fabricante de tiendas o de cuero y abrió un negocio allí. Pablo aprovechó esta plataforma para establecer contactos evangelísticos. El alcance de toda la ciudad se extendía desde este punto central, y dio lugar a la formación de una iglesia en la casa con Pablo y esta pareja como su núcleo.

Con relación a la casa de Aquila, Ghering escribe lo siguiente: “En esa habitación o en la misma tienda unos veinte creyentes pueden haberse reunido para una reunión de la iglesia en la casa”. Uno se puede imaginar durante estas reuniones en las casas algunos de los invitados sentados en lienzos con los que elaboraban las tiendas. Esta pareja se ofrecía a sí misma y a su casa para la misión de alcance de Pablo.

La enseñanza de Pablo a la iglesia de Corinto tiene como marco un pequeño grupo donde “cada uno” está participando. “…cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia”. (1ª Corintios 14:26).

En hechos 18:7, leemos que Pablo se mudó a la casa de Ticio Justo, que se encontraba a la par de la sinagoga. Es muy probable que éste fuera un hombre temeroso de Dios y acaudalado. Probablemente era un líder muy fuerte en la iglesia primitiva pues era dueño de una casa lo suficientemente grande para ofrecerle a Pablo un lugar para su ministerio de predicación evangelística.

En las Escrituras se asume la existencia de muchas más casas. Por ejemplo, podemos observar que aparecen rastros de dos iglesias en las casas, en Romanos 16:14-15, “Saluden a Asíncrito, a Flegonte, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos. Saluden a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los hermanos que están con ellos”. Estos nombres representan los miembros de dos iglesias que estaban en dos casas, y a estas iglesias en las casas pertenecían otro número indeterminado de cristianos, algunos eran parientes, otros eran esclavos o esclavos emancipados.

Pablo escribe a una iglesia en una casa en su epístola a Filemón (versículo 2). En Laodicea, en Colosenses 4:15, vemos el ejemplo de una mujer dueña de una casa quien estaba poniendo su casa a disposición de la iglesia (Laodicea se encontraba a nueve millas de Colosas). Esta era sólo una de las iglesias en las casas, de la iglesia local en esa área.

El ministerio de casa-en- casa permitió a los creyentes desafiar el orden social de la época (1ª Corintios 7:20-24). Ellos se convirtieron en testigos a través de sus palabras, sus vidas y su sufrimiento. Debido al tamaño pequeño de las iglesias en las casas, era posible mantener una atmósfera familiar y practicar el amor entre hermanos de manera personal y efectiva.

La iglesia primitiva siguió el ejemplo de Jesús al establecer iglesias en los hogares a lo largo del Imperio Romano. Hemos notado ésto por los hogares en Galilea, Jerusalén, Jericó hasta Damasco (Hechos 9: 10-19), Jope (Hechos 9:43; 10:6, 17-18, 32), Cesarea (Hechos 10:1-11:18; 21:18), Tiro (Hechos 21:3-6), Filipo(Hechos 16:15, 34, 40), Tesalónica(Hechos 17:5-7), Éfeso (Hechos 20:20), Troas (Hechos 20:7-12), Corinto (Hechos 18:3, 7-8), y Roma (Hechos 28:16, 23, 30-31)

El tamaño de las Primeras Iglesias en las casa

Los historiadores concuerdan con que estas iglesias en las casas rara vez eran de más de quince o veinte personas. Una vez que una iglesia en una casa crecía más que eso, generalmente se multiplicaba comenzando en un lugar cercano otra iglesia en otra casa. Si no se hacía esto el crecimiento inmediatamente causaba problemas. En otras palabras estas casas eran simplemente estructuras de casas de tamaño normal. No eran nada que escapara de lo ordinario.

Dado que las casas de ese tiempo diferían de un lugar a otro, no podemos ser demasiado dogmáticos sobre el tamaño, forma y patrón que cada casa tenía. Gehring escribe:

“Desde el punto de vista arquitectónico, la casa ofrecía ciertas ventajas al proporcionar espacio utilizado en una variedad de maneras para el alcance misionero. Para empezar, hay que señalar que las casas difieren arquitectónicamente la una de la otra. Para los tiempos de la misión cristiana primitiva, se cuestionan los tipos de casas privadas, palestinas, griegas y romanas. Ellos se adaptaron con facilidad, y proporcionaron a los cristianos un lugar de bajo costo para reunión. Con relativamente poco esfuerzo fue posible establecer una presencia cristiana en la vida cotidiana de las ciudades antiguas.”

Normalmente una iglesia en una casa se reunía en una habitación, generalmente en el comedor de una casa doméstica y privada que no había sido alterada o cambiada sino que era utilizada para propósitos Cristianos. El comedor, junto con el patio, proporcionaban espacio para enseñar, para los ministerios de predicación, para la instrucción bautismal, y otras actividades misioneras. Les permitía a los primeros cristianos espacio para reuniones de oración y la celebración de la cena del Señor.

Osiek y Balch escriben, “Al comparar las excavaciones arqueológicas de casas de esa época, en una casa típicamente podía caber de 6 a 15 personas. Si las personas llegaban hasta los jardines, aún más se podían reunir” La cena en la vida doméstica Romana podía durar desde la tarde hasta muy entrada la noche. Generalmente, eran de nueve a veinte invitados, los que acomodaban de acuerdo a un orden para sentarse.

En los primeros años, tal vez en el primer siglo y medio, probablemente no había adaptaciones estructurales para la adoración cristiana, sino más bien, los creyentes se adaptaban a las estructuras que estaban disponibles. El tamaño del espacio de reunión en la casa más grande disponible, limitaría el tamaño del grupo que se reunía para adorar. Cuando el grupo se hacía muy grande, se fundaba otro hogar en otro lugar.

Las excavaciones cerca de Corinto ponen al descubierto una casa con un atrio, que contenía una serie de habitaciones que rodeaban un patio. Acomodaba a nueve personas en los sofás dispuestos a lo largo de las paredes, y en el patio habría habido espacio para varias personas más. Si se hubieran retirado todos los sofás habría habido espacio para una veintena de personas. Gehring dice: “Debido a las limitaciones físicas del triclinium [comedor]. . . estas primeras comunidades cristianas eran pequeñas, grupos de tipo familiar donde era posible la atención individual pastoral, las relaciones personales íntimas y donde la rendición de cuentas entre sí eran posibles.”

A pesar que no hay evidencia arqueológica para iglesias en las casas que se realizaran en apartamentos de esa época (llamados insula), es probable que las primeras reuniones cristianas también se realizaran en estos cuartos o apartamentos. “Aquellos con Cloé” (1ªCorintios 1:11) pueden ser un ejemplo. EL Discurso de Pablo dado muy tarde en la noche en la habitación del tercer piso en Troas (Hechos 20:7-12) es probablemente otro ejemplo. Osiek, MacDonald, y Tulloch concluyen con su estudio de las primeras iglesias en las casas que, “algunos grupos cristianos ciertamente deben haberse reunido en alojamientos más modestos, incluso en algunos apartamentos más sombríos (insulae).”

Un número bien limitado de hogares acaudalados podían albergar a unas ciento veinte personas (el aposento alto), pero esta era más bien la excepción, no la regla. Banks escribe:

“La sala de entretenimiento en una casa moderadamente acomodada podía tener capacidad para alrededor de treinta personas cómodamente ubicadas—tal vez para la mitad en caso de emergencia. La reunión más grande en Troas, por ejemplo, era tan grande que Eutico tuvo que usar la ventana como asiento (Hechos 20:9). Una reunión de “toda la iglesia” pudo haber alcanzado de cuarenta a cuarentaicinco personas, si la reunión se hubiera extendido hacia el atrio entonces el número podría haber sido mayor, aunque no más del doble de ese tamaño¬— pero muchas reuniones pudieron haber sido menores.”

Las iglesias en las casas eran personales, amigables y atractivas a los de afuera. Klauck escribe: “Una razón para el poderoso impacto de las iglesias en las casas dentro de su ambiente, la encontramos en el hecho que no era posible crecer más allá de los parámetros de un grupo pequeño debido a la falta de espacio”.

¿Qué Hacían Ellos en las Reuniones de las Casas?

Leemos en el Evangelio relatos de Jesús reuniendo a sus discípulos en una casa donde Él partió el pan y compartió el vino para preparar a sus discípulos para su muerte (ej. Lucas 22:7-38). La iglesia primitiva siguió el ejemplo de Cristo al partir juntos el pan. Ellos compartían una comida completa mientras celebraban su muerte y resurrección. (Hechos 2:46; 1ª Corintios 11:20-26). William Barclay escribe: “La cena del Señor comenzó como una comida en familia o una comida entre amigos en una casa privada… fue allí que nació la Cena del Señor en la iglesia. Era como la Pascua judía, que es una fiesta familiar en la que el padre y el jefe del hogar es quien la celebra.”

Todos traían comida y la compartían, aunque fuera poca o mucha. Ellos recordaban que la muerte de Cristo en la cruz trajo salvación y esperaban su segunda venida cuando disfrutarían de las bodas del Cordero.

¿Celebraban la Cena del Señor cada vez que se reunían? No lo sabemos con certeza, pero aparentemente era una práctica frecuente.

Además de compartir la Cena del Señor, las reuniones de la iglesia en la casa eran bastante flexibles. Pablo escribió a la Iglesia en la casa que estaba en Colosas: “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón”. (Colosenses 3:16). Pablo quería que los creyentes de la iglesia en la casa compartieran libremente, que se animaran los unos a los otros, y que se regocijaran en la bondad de Dios. No vemos una agenda rígida. Por el contrario, la reunión era un tiempo para ministrarse unos a otros y para solventar las necesidades.

El escritor de los Hebreos exhorta a los miembros de la iglesia en la casa que hagan algo similar:

Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa. Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca (Hebreos 10:23-25).

El Espíritu Santo utilizó a cada miembro como un instrumento de edificación.

Los miembros disfrutaban estar juntos, se reían juntos, y experimentaban un rico compañerismo. Robert Banks escribe: “No encontramos nada que nos sugiera que estas reuniones eran conducidas con el tipo de solemnidad y formalidad que rodean la mayoría de reuniones cristianas semanales hoy en día”.

La iglesia primitiva se veía a sí misma como la nueva familia de Dios. Muchas de las reuniones de la iglesia en las casas eran auspiciadas y dirigidas por la misma familia. El intenso amor de estos primeros seguidores de Cristo permearon la reunión. Ellos se veían a sí mismos como hermanos y hermanas y querían servirse unos a otros como Jesús sirvió a sus propios discípulos. Tal como se mencionó con anterioridad, la frase unos a otros aparece más de cincuenta veces en el Nuevo Testamento. Estas frases instruían a los creyentes a cultivar relaciones entre ellos.

Pablo les enseñó a las primeras iglesias en las casas que cada miembro tenía una parte esencial que cumplir de acuerdo con los dones que habían recibido (1ª Corintios 12-14; Romanos 12; Efesios 4). Él puso un gran énfasis en la participación de cada persona debido a que cada persona tenía algo con qué contribuir. Pablo dirigió sus cartas a todos los de la iglesia en la casa, porque todos eran ministros.

Cuando le escribió a la iglesia de Corinto, Pablo dice: “¿Qué concluimos, hermanos? Que cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia”. (1ª Corintios 14:26). Pablo asumía que ellos se ministrarían unos a otros energéticamente. Su preocupación era que se hiciera de esta manera: “Pero todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden” (1ª Corintios 14:40). Ritva Williams escribe: “La actividad central de la ekklesia pareciera haber sido una comida—La cena del Señor—seguida de hechos como la profecía, la enseñanza, la sanidad, y hablar en otras lenguas. (1ª Corintios 11-14).”

Sabemos que las primeras iglesias oraban juntas. Después de que Pedro fuera puesto en libertad de manera sobrenatural, leemos en Hechos 12:12: “Cuando cayó en cuenta de ésto, fue a casa de María, la madre de Juan, apodado Marcos, donde muchas personas estaban reunidas orando”. Ellos estaban orando específicamente por que Pedro fuera liberado de la prisión, pero podemos colegir que la oración caracterizaba a las reuniones de la iglesia en las casas.

La mayoría de estudiosos están de acuerdo con que las primeras iglesias en las casas hacían énfasis en los siguientes elementos:

  • Adorar
  • Práctica de los dones espirituales
  • Enseñar
  • Oración
  • Compañerismo
  • Evangelismo
  • La Santa Cena
  • Bautismo

Lucas describe que los hogares eran utilizados para reuniones de oración (Hechos 12:12); para una noche de compañerismo cristiano (Hechos 21:7); para servicios de Santa Cena (Hechos 2:46); para toda una noche de oración, adoración, e instrucción (Hechos 20:7); para reuniones improvisadas de evangelismo (Hechos 16:32); para reuniones planificadas para escuchar el evangelio (Hechos 10:22); para reuniones de seguimiento (Hechos 18:26) y para una instrucción organizada (Hechos 5:42).

Los anuncios y las comunicaciones también eran actividades importantes de las primeras iglesias en las casas. Las noticias de los visitantes, el envío de cartas de una ciudad a otra (ej. Las cartas de Pablo, y 2ª y 3ª de Juan), avisos de persecuciones, y los anuncios de las persecuciones que estaban ocurriendo en ese momento, era información importante que se daba a través de las iglesias en las casas.

Las iglesias en las casas también servían como centros de servicios sociales para aquellos miembros que se encontraban en necesidad. Las jóvenes viudas y los miembros más pobres de la familia veían a las iglesias en las casas como un medio de apoyo para ellos. Al parecer también hubo algunos intentos de parte de algunas familias por evitar sus responsabilidades. (1ª Timoteo 5:4, 5, 8, 16).

Conexiones Íntimas

Dios escogió un escenario particular para compartir los valores del reino. Mientras que la iglesia existe aparte de la estructura que representa, el hogar extrae los valores trinos del amor, la comunidad, y la transformación familiar. Las prácticas de las primeras iglesias en las casas estaban relacionadas y aún determinadas por el lugar—el qué estaba determinado por el dónde. Ralph Neighbour escribe:

“Existe una razón muy importante para que la iglesia primitiva fuera formada en los hogares. Es en este lugar que los valores son compartidos. Puede ser posible transmitir información en un edificio neutral, pero pocos valores se implantan allí. Los sistemas de valores son arraigados a través de la convivencia en un hogar. Algo se agita en lo profundo cuando la vida se comparte entre los jóvenes y los viejos, los fuertes y los débiles, los sabios y los torpes. En los grupos de las casas, todos participaban y todos eran impactados por los valores de los demás al vivir Cristo dentro de ellos.

Dios diseñó una estrategia reproducible que dependía de la casa o propiedad del creyente para las primeras reuniones. Sólo aquellos transformados por el mensaje del evangelio, corrían el riesgo de abrir sus hogares. Sin embargo, todos aquellos que abrieron sus hogares ejemplificaban el amor y poder de Dios para que sus vecinos y amigos lo vieran y lo experimentaran. En el proceso, muchos más fueron convertidos, y la iglesia primitiva continuó expandiéndose de casa-en-casa.