Faithfulness and Disloyalty

marioby Mario Vega

When you delegate people to be in charge of the cell work there’ll always be a risk of disloyalty. Approximately one year after starting our work with small groups, one of our zone accountables miss used the trust that was granted to him. He broke apart a group of people who were under his responsibility by slanders and lies.

Despite the damage, we didn’t cease in our desire to continue working with cells and, consequently, to continue delegating responsibilities. Bad examples should not stop us from doing God’s work.

I estimated that it would take us a little more than a year to return to the level we had before the division. But it wasn’t like that. Surprisingly, in the next quarter, we achieved a goal of 125% of growth. In three months we had returned to the previous level. We were surprised and thankful to God at the same time.

As with any person who divides the body of Christ, later on that young man revealed his true character. Today his group has become nothing and those who one day left the church have returned after realizing they’d followed a deceit.

Despite these realities, we must not get tired of continuing with our efforts. With or without cells, churches will always face problems with disloyal people. The risk is not introduced by the cellular model but by the ambition of evil workers.

Comments?

Mario

Translation in Spanish:

Fidelidad y deslealtad.

Al delegar encargados en el trabajo celular siempre se corre el riesgo de la deslealtad. Aproximadamente un año después de iniciado nuestro trabajo con grupos pequeños, uno de nuestros encargados de zona utilizó mal la confianza que se le otorgó. Utilizando la calumnia y la mentira separó un grupo de personas que estaban bajo su responsabilidad.

A pesar del daño producido, no nos detuvimos en el deseo de continuar trabajando con células y, consecuente, continuar delegando responsabilidades. Los malos ejemplos no deben detenernos de hacer la obra de Dios.

Calculé que volver al nivel que tenamos antes de la división nos tomara un poco más de un año. Pero, no fue as. Sorprendentemente, en el siguiente trimestre, alcanzamos una meta del 125% de crecimiento. En tres meses habamos vuelto al nivel anterior. Estábamos sorprendidos al mismo tiempo que agradecidos con Dios.

Al igual que con toda persona que divide el cuerpo de Cristo, aquel muchacho reveló su verdadero carácter tiempo después. Su grupo ahora ha venido a ser nada y aquellos que un da salieron de la iglesia ahora han regresado al darse cuenta que siguieron un engaño.

A pesar de estas realidades, no debemos cansarnos de continuar con nuestros esfuerzos. Con o sin células las iglesias siempre enfrentarán problemas con personas desleales. El riesgo no lo presenta el modelo celular sino la ambición de los malos obreros.

 

 

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