A Wonderful Family

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By: Msc. David Jaramillo Burgos

Some years ago in Argentina, I read a sentence that sums up in a few words all the evangelistic and discipleship ministry of the church: “God desires a family of many children who are like Jesus.”

This phrase leapt out at me because it doesn’t talk about crowds or mega churches but is friendly, welcoming and summarizes God’s purpose. Allow me to explain further. On one hand, God is the Father of this great family. As we know from the Bible, God is a loving Father (1 Jn. 4:8), slow to anger, and rich in mercy (Ps. 103: 8). He never leaves or forsakes us (Heb. 13:5) and meets all the needs of his children (Mt 6: 8.32). What a great image of our God!

On the other hand, those children within the family are born again of God’s pure, perfect will (Jn: 1:12-13). God gives birth to children who are forgiven, justified, sanctified and declared heirs of all the Father’s blessings. The Father’s love to his children satisfies the three basic needs of every human being: love, acceptance and security. There is no doubt that God loves his children unconditionally, even if his children are sometimes unfaithful. The children in God’s family are accepted by grace and not by merit. God protects them with his powerful hand and even sends forth his angels to act on their behalf (Heb. 1:14).

In addition, the phrase expresses a goal for God’s children: to be like Jesus. This is what Christian discipleship is all about: that all of God’s children reach the fullness of the measure of the stature of Christ (Eph. 4:13), that is, that each child manifests the character of Jesus.

Remember that your ministry exalts God’s family. Every time you preach or teach and a person receives Jesus Christ, he or she becomes part of God’s wonderful family. Whatever else you do in your church, remember that your goal is help people become like Jesus. And you yourself are part of this wonderful family, who is cared for by a loving Father.

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Un Gran Familia

Por: Msc. David Jaramillo Burgos

Hace algunos años, en Argentina, le una frase que resume en tan pocas palabras todo el ministerio evangelstico y de discipulado de la iglesia, deca lo siguiente: “Dios quiere una familia de muchos hijos iguales a Jesús”.

La frase saltó a mis ojos porque su expresión era amable, acogedora y familiar. No hablaba de multitudes o de mega iglesias, hablaba de una familia estructurada, con jerarqua, saludable, funcional y con propósito definido. ¿A qué me refiero? Por un lado, muestra a Dios como el Padre de esta gran familia. Como sabemos por la palabra, es un padre amoroso (1 Jn. 4:8); lento para la ira y grande en misericordia (Sal. 103: 8); que nunca abandona ni desampara (He. 13:5); y que conoce todas las necesidades de sus hijos (Mt 6: 8,32). ¡Qué grandiosa imagen de nuestro Dios!

Por otro lado, están los hijos, nacidos de la pura y absoluta voluntad de Dios (Jn: 1:12-13). Hijos perdonados, justificados, santificados y declarados herederos de todas las bendiciones que el padre tiene en gloria. Este amor del padre hacia los hijos se expresa también en la satisfacción de las tres necesidades básicas de todo ser humano: amor, aceptación y seguridad. No cabe duda que Dios ama incondicionalmente a sus hijos aun cuando estos a veces son infieles, los acepta en su familia por gracia y no por méritos, y los protege con su mano poderosa y aún con ángeles dispuestos para actuar a su favor (He. 1:14).

Además, la frase expresa una meta para los hijos: ser iguales a Jesús. Esto es el discipulado cristiano, llevar a todos los hijos a alcanzar la plenitud de la medida de la estatura de Jesucristo (Ef. 4:13); esto es, que cada uno reproduzca en su vida el carácter de Jesús, el único a quien debemos imitar.

Mi estimado lder, tu ministerio engrandece la familia de Dios. Cada vez que predicas o enseñas y una persona recibe a Jesucristo pasa a ser parte de esta numerosa familia. Cada vez que enseñas y formas a otros en la escuela de lder o academia bblica estás contribuyendo a que los hijos se parezcan a Jesús. Tu mismo eres parte de esta gran familia, y junto a mi tenemos el mejor de los padres.

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